miércoles, 11 de febrero de 2009

Miércoles por la mañana

Estos han sido unos días ajetreados. Con la visita de la gente de Salamanca y el cumpleaños de V no hemos tenido tiempo de otra cosa. Ayer por la noche no me acosté tan tarde, a las 12 o así, ya que hoy tenía el día malo en cuanto a clases se refiere. Si bien no me puedo quejar de mis horarios, lo de los miércoles merece un sobresaliente como nota final.

La clase empieza a las 8 y veinte en el cine de la universidad, si, habéis oido bien, en el cine. Aunque nosotros no la damos en una sala de cine como tal ya que somos 4 y vamos a una habitación pequeñita que nos es suficiente, es curioso ver a la gente dentro de un cine tomando apuntes. Los asientos del cine tienen en el lateral como una mesilla plegable para que la gente pueda escribir ahí. De todos modos, no se si os lo he contado ya, pero todo el mundo está en clase con el ordenador encendido hablando por el messenger. Nosotros en nuestras clases particulares no hacemos eso, nosotros escuchamos atentamente las explicaciones , que ya bastante cuesta el inglés como para encima no estar haciendo caso.

Lo que iba a contar era mi camino a la universidad. En teoría debo salir de casa a las 8 en punto para no ir apurada, aunque saliendo a y 5 también se llega. Cada miércoles cuando me suena el despertados a las 8 menos cuarto me despierto pensando en la ventisca de nieve mezclada con viento lateral y los grados bajo cero que pueden hacer fuera. La verdad es que no es para tanto una vez sales a la calle, ya que las tres cosas a la vez no se suelen dar.
La calle que baja de mi casa hacia la universidad está siempre helada a esas horas, y muchas veces he pensado en robarle el trineo al niño de la casa siguiente para bajar deslizándome. Como no es suficientemente grande para mi, idea desechada. El truco es bajar muy despacio y con paso firme y elegante como diria Raúl. En cuanto salvo esta cuesta, el resto del camino ya es pan comido, ya que es plano. En este momento enciendo el mp3 y busco canciones de pachanga para que me alegren el día. Voy cantando atravesando el lago, y una vez llego a lo que es el campus ya no canto más ya que los islandeses me miran raro. A las 8 y veinte en punto estoy entrando en el cine y dejando la mochila en mi asiento. Si no fuese por el frío mañanero en la cara a esa hora no hay quien se levante. Aunque yo creo que lo que de verdad ayuda es la música de pachanga.

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